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Nexos.




En este espacio común que llamamos mundo, ocurren cosas. Nos ocurren cosas. Le llamo cosas porque no sé ponerle nombre, busco el genérico en un intento de invitar la duda. Sí, es una cosa, pero no sé qué cosa. Así está bien. Qué siga siendo liviana esta cosa que nos une en distintos planos, que nos encuentra haciendo lo mismo en múltiples lugares, que nos conecta en dimensiones abstractas donde los nombres no significan nada.

Creo en la comunicación sin cuerpo material. Creo en la abstención de la palabra, en la mutación del lenguaje, en la ráfaga invisible atravesándonos. 

En qué la cosa no es sólo una cosa. 

Y me asombra. En el asombro me descubro niña. En el asombro me encuentro humana. Ahí estamos otra vez en algún plano, sorprendiendo a nuestros pensamientos enlazados a pesar del tiempo. La sensibilidad que nos acontece e invade en un segundo, de saber que existe el territorio común que llamamos mundo, que compartimos el miedo, la pavura y la ternura; que hay un puente hacia el Otro que no advertimos.

Atestiguo de mi parte, de mis ojos y mirada; ignoro lo que ocurre en otro plano. De repente una señal, un mensaje, una palabra, nos llevan a caer, nuevamente, en el recurso material del lenguaje, hasta que reducimos nuevamente la inconmensurabilidad a un sentido, hasta que nos enfrentamos al fracaso del decirlo todo. Es imposible. Estamos jugando en el mismo juego sin poder explicarlo. Así está bien, ocurren cosas, no es necesario nombrarlo.

Si el nombre aplasta a la cosa, dejemos que viva. No más palabras. 

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