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El que abandona no tiene premio.

I
A veces pareciera que uno busca la palabra: debajo del sillón, mirando por la ventana, pasando la escoba, lavando los platos, uno se olvida un poco de todo y la llama, la evoca, a la palabra. Pero la palabra no responde, es como una gata, rebelde y atrevida, se va mas lejos cuanto mas te acerques, sabés que está ahí, casi por salir, sabés que te resuenan los años, los puntos, las viscerales angustias en la cabeza, pero no se transforma nunca en palabra. ¿Acaso es posible representarse este anónimo sentimiento? 

II
Quizás pueda escribir así, asociando libremente durante mucho tiempo, y jamás lograría decir algo que atraviese el viento. Las palabras incorpóreas son desobedientes, jamás harían lo que yo quiero, jamás lo dirían, no quieren representar. Y yo buscando la representación mas representativa, escribo incansablemente, como una maquina automática, palabras y palabras y palabras, y entre todas ellas no surge nunca la palabra, esta metonimia solo busca matarme, tirarme a la espiral eterna, feroz y mortal del silencio.


III
METONIMIA, salta y salta el deseo entre las líneas del texto, mis dedos incansablemente sobre las teclas hacen ese sonido detestable de computadora escribiendo de madrugada, pobre marido, pobres vecinos, sería mas amigable escuchar un tema de jazz que un tecleo frenético. Lo peor es saber que en cada hundimiento de tecla se inscribe una nueva letra que no viene a significar a nada ni a nadie, que no representa la letra que dibuja, que solo es un espectro bastante deforme (aunque le ponga Comic Sans) de lo que no dice. Lejos lejos estamos de la representación.



IV
Juro que antes de abrir este documento tenía millones de ideas que en mi imagen mental se veían agradables. No se que pasó después, pero se borraron al mismo tiempo que escribí la primera letra, no hace falta explicaciones, ellas me sacaron las palabras, las palabras que con tanto trabajo me costo encontrar en los recónditos espacios intersticiales de mi cabeza. Ahí van, ellas, las voces genuinas bailoteando con mis palabras en el inconsciente, chau chau palabras, malditas y traicioneras, se van con ellas…Y acá que me quedo, sin tildes, sin comas, sin espacios, sin sonidos, sin lenguaje. Esta bien, igual no cambia nada. Ellas ganan.

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Tom Chambers