Ir al contenido principal

Recuerdo I


    La nostalgia es aquel hombre sentado en Villa Unión, su mirada sobre la roja tierra de La Rioja, el miserable calor apestando la caja de vino hirviendo apoyada sobre una pared de adobe reseco. El viejo no podía casi mover sus manos para expresarse, pero las lágrimas se le escaparon de los ojos al pedirnos, muy confidencialmente, que disfrutemos la vida, que a él se le escurrió rapidamente. 
   Cada gota que cayó al suelo de su rostro se transformó en barro, pequeñas pelotitas que se transformarán en adobe, que formarán parte del ladrillo de una casa donde vivirá otra persona, que no sabrá que en sus paredes está la historia de la nostalgia.




Villa Unión - La Rioja

Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Bird.

Imaginen un hombre de unos veintinueve años, tez blanca, unas tímida pecas asomando en su nariz, el cabello negro rebelde y corto, los ojos marrones, flaco y de buena altura. Una remera básica de algodón, un jean que alguna vez fue negro y unas zapatillas de lona con cordones blancos.
Imaginen un hombre simple, con la mirada profunda y serena, pensativo y silencioso, sin grandes pretensiones. Un hombre de esos que se sientan en los umbrales de las casas a ver la gente pasar, un hombre que conoce el sabor amargo de un mate bien cebado.

Un hombre con buena vista, con la cualidad de descubrir la belleza en detalles mínimos, de detenerse en la claridad humana donde otros se quedan ciegos. Diferenciándose de estos ciegos por su finísima habilidad de disfrutar de las pequeñas cosas, un hombre que ve lo maravilloso en la abeja y no en la reina. Imaginen un hombre así, como la lluvia que cubre con un manto tenue e incesante la ciudad de noche, como se ven entonces las luces miopes, difusas y gr…

La otra escena.

"Nunca voy a hacerme un tatuaje, no podría tenerlo toda la vida". Mañana, ayer, sábado, domingo, y de un plumazo, toda la vida. Sólo un intervalo, un lapso de respiro, un plazo de tregua. Sacamos la cabeza afuera del agua, un segundo, para abrir la boca, para no ahogarnos, casi en un intento desesperado, y entonces le llamamos toda la vida.  Volvemos, inconvenientes, al mismo lugar, a la misma cueva, al mismo olor, al mismo ardor, donde transpira el hedor de lo inconcluso, descansando al margen de lo ilícito. Nos acurrucamos, como desamparados de palabras, en el hueco de toda intransmisibilidad. No hay explicación, volvemos porque cita el deseo, porque le tenemos terror al vértigo, y porque somos desafiantes, y a la vez cobardes.   En ese acto, que cruza la línea, desde la inoportunidad del destino, sobrevivimos. Cobramos la cuota que empuja al encuentro, que entiende de coincidencias, que impulsa el pensamiento y la animosidad. Vivimos como el comentario, en paralelo al univ…

Uno.

Nacer en Octubre no es poca cosa. Los que vivimos bajo el orden del año calendario, reconocemos su lugar peculiar. Octubre es un mes de definiciones, el comienzo de la 3/4 parte de la novela, el ocaso de todos los días, el principio del fin. En él se comprueban los logros y los fracasos, se sostienen o se caen las ilusiones construidas en Enero, y la proximidad de las fiestas de Diciembre genera los primeros rasgos de alboroto familiar. Octubre es un tobogán, un tobogán al atardecer.
Es el momento donde se desprenden las flores de los jacarandás y los lapachos, dando lugar al brote de las hojas. Las calles se cubren de colores, de ríos de sangre violeta que se amontonan en los cordones de las veredas. Vivimos la maduración primaveral, mientras el día se hace más largo y las noches más cálidas, salimos a fumar en el balcón, comemos junto al río, invadimos los parques, sacamos la mesa al patio y nos amigamos con la observación prolongada de las estrellas. Suele haber tormentas típicas…