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Recuerdo I


    La nostalgia es aquel hombre sentado en Villa Unión, su mirada sobre la roja tierra de La Rioja, el miserable calor apestando la caja de vino hirviendo apoyada sobre una pared de adobe reseco. El viejo no podía casi mover sus manos para expresarse, pero las lágrimas se le escaparon de los ojos al pedirnos, muy confidencialmente, que disfrutemos la vida, que a él se le escurrió rapidamente. 
   Cada gota que cayó al suelo de su rostro se transformó en barro, pequeñas pelotitas que se transformarán en adobe, que formarán parte del ladrillo de una casa donde vivirá otra persona, que no sabrá que en sus paredes está la historia de la nostalgia.




Villa Unión - La Rioja

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Nos tienen miedo porque no tenemos miedo.

No moriremos frente al espanto. Jamás. 
Gritaremos. Sí, de forma exagerada. Se escuchará en el hemisferio perfectamente contrario, un sonido con la velocidad de un giro de ciento ochenta grados, adentro de los bares, adentro de las tazas, adentro de las mochilas, adentro de las casas, adentro de las camas, adentro de todo lo que alguna vez se presumió material en este mundo (por no hablar de arriba, ante, cabe, bajo). Que se escuchará, se escuchará. 
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Pero no cederemos la vida frente al espanto.
Antes dejaremos caer la voz, el grito…

El chiste del final.

¿Habrá existido en algún segundo, aunque haya sido impalpable para el tiempo, un espacio último para la duda? ¿Habrás temblado, aún a sabiendas de la determinación, tambaleante en la indecisión de tu cuerpo como un latir intermitente? ¿Habrás encontrado la fatiga de un pensamiento terminal en una imposibilidad de postergar el acto, en un obsceno y miserable fondo de cavilaciones? ¿Habrás vuelto la vista sobre tu hombro en una confirmación del Otro, presenciando la completa nulidad de garantías? ¿Habrás sentido mientras te atravesaba el cielo el insalvable corolario de la libertad absoluta? 
Escribiste tu última metáfora, exacta, cabal, incólume, certera.  No doblegaste la decisión ante la inevitable consecuencia de dejarnos leyendo tu poesía a destiempo, amarga, intraducible, inteligible, como un borroso y débil verso que no hace rima.

Tom Chambers