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Maraña.

 Soy de esas personas que se enrollan con todo. A veces una paloma viaja por arriba de mi cabeza con un vuelo intermitente, entre las ramas de los plátanos de la calle Entre Ríos, y eso ya es un mundo. Puedo hacer una historia sin final, puedo imaginar cien mil letras atrás y cien mil adelante, puedo crear mareas, terremotos, meteoritos y desastres catastróficos con el vuelo de la paloma. Creo que todos somos un poco así, trágicos, inserviblemente exagerados; de un pelo a una peluca, de una gota a una inundación, de una hormiga a una invasión de insectos; así, siempre tan insoportable, tan humano. Pero entre tanta tragedia, algunos nos excedemos, y nos ponemos en sintonía dramaturgia, llorando a los gritos, con el moco tocando el suelo y los brazos arrastrándose, alaridos, lágrimas, teatro, enredos, mentiras, historias, cine, palabras mas, palabras menos, moco, reclamo y desconsuelo. 
 Por otro lado, las víctimas. Los creyentes de calesitas y palabreríos vagos. Mientras que los trágicos creamos historias absurdas y fantásticas dignas de cualquier estantería de literatura infantil, ellos tienen el pulso del corazón a tiempo, normal, sin sobresalto. Nosotros esta complicación para todo, para respirar, para dar un paso, para que el otro dé un paso, para que el pájaro vuele, para que llueva y para que se despierte el vecino. Todo, absolutamente todo es carne de analisis, y de enredo. Se agarra un extremo del cordón, se lo cruza por acá, se ajusta así, alrededor de la víctima, un poco por el cuello, otro poco en el estómago, se tira de la otra punta del cordón y: ya está, todo listo: la maraña.Y que parezca un accidente.
 Capilla del Monte - Córdoba

Comentarios

  1. ¡Qué nunca deje de haber exagerados escribiendo libros para mi biblioteca y haciéndo películas, pintando, componiendo!
    Los exagerados podemos lidiar mejor con el sobresalto. Los otros, los que intentan no salirse jamás del libreto y asesinar cualquier tipo de espontaneidad, pueden morir de un infarto si el colectivo llega tarde.

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