Ir al contenido principal

Watch us.


Foto: Rosario - Santa Fe


 Dos ojos que atraviesan una ventana. El marco de aluminio circunda toda la escena que se deja apreciar detrás del vidrio atormentado de polvo, de huellas digitales y de gotas de lluvia; detrás, no tan lejos de su imperfección suceden las cosas. Un ojo direccionado a una pierna, el otro enfoca la toalla colgada del vértice de la ventana semi-abierta. Dos ojos la atraviesan para llegar a significar el momento entero, el pedazo de historia derramada al azar para los transeúntes de la madrugada.
 La pierna observada se mueve al compás del sonido del reloj, mientras que la toalla estática, no puede mostrar señales de color. Se frenan los ojos espectadores. Una pierna se volvieron cuatro, cuatro piernas movedizas desparramadas sobre la alfombra verde del departamento-escenario. Sobre uno de los cuerpos, otro de los cuerpos se encuentra ligeramente replegado, inmóviles intervalos los secundaban: movimiento, ruido, vacío, silencio, nada, movimiento. La cadena eterna del cuerpo que busca en otro cuerpo una respuesta; y de los ojos, que buscan en las ventanas una historia para atravesar.

Comentarios

  1. te lei y me acorde de flaubert...pero con mayor profundidad...
    abrazo

    ResponderEliminar
  2. Yo leí a Flaubert y me acordé de vos.

    :P

    ResponderEliminar
  3. Voy a tener que leer a Flaubert. Gracias ^^

    ResponderEliminar
  4. Me encantó. "los ojos, que buscan en las ventanas una historia para atravesar", genial.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Bird.

Imaginen un hombre de unos veintinueve años, tez blanca, unas tímida pecas asomando en su nariz, el cabello negro rebelde y corto, los ojos marrones, flaco y de buena altura. Una remera básica de algodón, un jean que alguna vez fue negro y unas zapatillas de lona con cordones blancos.
Imaginen un hombre simple, con la mirada profunda y serena, pensativo y silencioso, sin grandes pretensiones. Un hombre de esos que se sientan en los umbrales de las casas a ver la gente pasar, un hombre que conoce el sabor amargo de un mate bien cebado.

Un hombre con buena vista, con la cualidad de descubrir la belleza en detalles mínimos, de detenerse en la claridad humana donde otros se quedan ciegos. Diferenciándose de estos ciegos por su finísima habilidad de disfrutar de las pequeñas cosas, un hombre que ve lo maravilloso en la abeja y no en la reina. Imaginen un hombre así, como la lluvia que cubre con un manto tenue e incesante la ciudad de noche, como se ven entonces las luces miopes, difusas y gr…

La otra escena.

"Nunca voy a hacerme un tatuaje, no podría tenerlo toda la vida". Mañana, ayer, sábado, domingo, y de un plumazo, toda la vida. Sólo un intervalo, un lapso de respiro, un plazo de tregua. Sacamos la cabeza afuera del agua, un segundo, para abrir la boca, para no ahogarnos, casi en un intento desesperado, y entonces le llamamos toda la vida.  Volvemos, inconvenientes, al mismo lugar, a la misma cueva, al mismo olor, al mismo ardor, donde transpira el hedor de lo inconcluso, descansando al margen de lo ilícito. Nos acurrucamos, como desamparados de palabras, en el hueco de toda intransmisibilidad. No hay explicación, volvemos porque cita el deseo, porque le tenemos terror al vértigo, y porque somos desafiantes, y a la vez cobardes.   En ese acto, que cruza la línea, desde la inoportunidad del destino, sobrevivimos. Cobramos la cuota que empuja al encuentro, que entiende de coincidencias, que impulsa el pensamiento y la animosidad. Vivimos como el comentario, en paralelo al univ…

Uno.

Nacer en Octubre no es poca cosa. Los que vivimos bajo el orden del año calendario, reconocemos su lugar peculiar. Octubre es un mes de definiciones, el comienzo de la 3/4 parte de la novela, el ocaso de todos los días, el principio del fin. En él se comprueban los logros y los fracasos, se sostienen o se caen las ilusiones construidas en Enero, y la proximidad de las fiestas de Diciembre genera los primeros rasgos de alboroto familiar. Octubre es un tobogán, un tobogán al atardecer.
Es el momento donde se desprenden las flores de los jacarandás y los lapachos, dando lugar al brote de las hojas. Las calles se cubren de colores, de ríos de sangre violeta que se amontonan en los cordones de las veredas. Vivimos la maduración primaveral, mientras el día se hace más largo y las noches más cálidas, salimos a fumar en el balcón, comemos junto al río, invadimos los parques, sacamos la mesa al patio y nos amigamos con la observación prolongada de las estrellas. Suele haber tormentas típicas…